El aftercare meloso: no siempre es la solución

Y dónde dice que el aftercare tiene que ser un arrunchis meloso?

Hablamos de una ‘sesión BDSM’ cuando dominantes y sumisos entran en sus respectivos roles por un determinado lapso de tiempo y realizan diversas prácticas que pueden ser desde algo tan delicado como el roce de una pluma, hasta algo tan complejo como perforar la piel.

En medio de todas esas opciones podemos encontrar comúnmente tandas de cinco, veinte, cien o más azotes, pinzas que comprimen los pezones, cuerdas que inmovilizan brazos y piernas, vendas, mordazas y una cantidad más de elementos que junto a la dominación mental y la disposición de quien asume el rol sumiso, conforman una bomba de sensaciones y experiencias que explotará hasta dejar agotados a ambos al final del encuentro.

Es en ese momento final que se da un segundo de silencio en medio de los gemidos y el dominante hace una pregunta de la que probablemente imagine la respuesta si conoce a su sumisa y sabe hasta donde puede llevarle, pero es una pregunta que no puede evitarse ya que aunque esa sea la sesión número ochenta entre ellos no todos los días se está del mismo ánimo, no siempre la fusta cae con la misma fuerza sobre la piel y no en todas las ocasiones queda una sensación de plenitud al acabar la sesión. Entonces el dominante pregunta a la sumisa si está bien y cómo se siente; dependiendo de esa respuesta inicia el momento que tanto esperan algunos sumisos, que otros dominantes no siempre realizan y que otros ni saben pronunciar.

El aftercare lo define la web como un término de uso médico para los cuidados o asistencia que se le da a alguien después de un problema de salud.

En el mundo bedesemero hemos acogido este anglicismo para referirnos a la atención brindada por parte del dominante al sumiso(a) al finalizar una sesión. Hacen parte del aftercare acciones como:

  • Conversar sobre el desarrollo del encuentro.
  • Liberar al sumiso de ataduras, pinzas, consoladores y cualquier otro elemento que haya sido usado para realizar la sesión.
  • Permitir que el pulso y la respiración se normalicen y vuelvan a los estándares normales.
  • Examinar la piel en busca de lesiones, para atenderlas.
  • Dependiendo de lo que se haya hecho se debe hidratar, cubrir o enfriar al sumiso.

Básicamente en eso se resumiría lo que es recomendable hacer.  Lógicamente, cada caso es distinto y los cuidados se aplicarán de forma diferente.

 

En esta parte algunos deben estarse preguntando: ¿y los abrazos, mimos y cariñitos donde están?.

Pues sucede que al igual que -por ejemplo- en el posoperatorio de una cirugía, la enfermera hace las curaciones pero no besa las heridas.

Pasa lo mismo en el BDSM, en ningún momento está establecido como norma que el dominante tenga que ser cariñoso con el sumiso o sumisa, los mimos son actos de ternura que una pareja realiza siempre y cuando haya un vínculo especial, una unión más íntima y diferentísima a una sesión con un compañero de juegos o a una relación D/s que sea única y exclusivamente eso, sin incluir ningún tipo de sentimiento más allá del respeto, la confianza y la honestidad necesarias para jugar juntos.

Entonces ¿quién se inventó que hay que arrunchar a quien ha hecho la parte sumisa y hacerle sentir un little?

Pues seguramente esto apareció por el mismo momento en el que sobretodo las sumisas mujeres se querían sentir las princesitas del cuento.

Cabe aclarar que no estoy queriendo decir que este mal ser atentos, mimar o acariciar al sumiso o sumisa, para quien guste de ello y lo haga con ternura y por hacer sentir bien a su pareja de juegos, pues maravilloso, lo único que pretendo decir es que no es una obligación.

Tanto dominantes como sumisas deben ser conscientes de que cada relación y cada encuentro son diferentes al otro y que así como algunos son más sentimientales pues otros son más prácticos y no son partidarios de tanta melosería; eso no quiere decir que no realicen los cuidados básicos inmediatos del estado general de la sumisa y la vayan a dejar tirada en la mazmorra.

Simplemente habrá Dominantes que cambien los mimos por un “gracias por todo”.

 

Por: Paulina San Juan

Cuéntanos tu opinión ;)

%d bloggers like this: